«...me resigno de antemano a que esta labor mía, obra al fin de un autodidacto y de un solitario, resulte en algunos puntos manca é imperfecta, a pesar de todos mis esfuerzos...» Historia de los heterodoxos españoles, Marcelino Menéndez Pelayo (1880-1882).
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jueves, 21 de julio de 2016

El alcalde real de San Andrés y la Gesta del 25 de julio

Hoy en la plaza de Ntra. Sra. de las Nieves de Taganana se inaugura una placa en homenaje a Andrés Perdomo Álvarez, alcalde real de Taganana durante el intento de invasión inglés comandado por Horacio Nelson en 1797.

Por este motivo y para que sirva como homenaje también para otro de los alcaldes que compartía jurisdicción dentro de la comarca de Anaga, pasaré a hablar de Salvador Agustín de Vera, alcalde real del Valle de San Andrés.


Natural del pueblo, debió nacer hacia mediados del siglo xviii, falleciendo poco después de 1830. Teniente graduado de milicias, fue el primer castellano que tuvo la torre de San Andrés, cargo que juró el 22 de octubre de 1770 y que ostentó de manera vitalicia. En 1830 fue nombrado caballero de la orden de San Hermenegildo, concediéndosele además el rango de capitán.

Salvador Agustín de Vera fue el primer castellano de la
torre de S. Andrés.

Fue alcalde real del Valle de San Andrés por lo menos en dos ocasiones, en 1781 y en 1797, año del ataque inglés. Ostentó el cargo en una época en la que el Cabildo de La Laguna centralizaba todo el poder de la isla, otorgando para la gestión de los diferentes lugares históricos las alcaldías reales o pedáneas. Estos oficiales fueron figuras importantes para el desarrollo de sus jurisdicciones. A falta de mayor investigación, cabe suponerle a Salvador Agustín de Vera un papel destacado en los acontecimientos que darían lugar a la fundación del municipio de San Andrés en 1813.

Participó en la Gesta del 25 de julio de 1797 defendiendo la isla del ataque inglés. Como alcalde, había enviado a las milicias del Valle en ayuda del puerto de Santa Cruz, mientras que como castellano cedió la gobernación de la torre al capitán grancanario Bartolomé Miranda. Durante el intercambio de fuegos entre la torre de San Andrés y los barcos ingleses que ya se batían en retirada, Agustín de Vera fue uno de los heridos habidos en el valle.

Como se puede ver, Salvador Agustín de Vera fue un importante personaje de la época en nuestro pueblo. Sirva este pequeño artículo como homenaje para sacar del anonimato de la gran Historia a este vecino ilustre.



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Fuentes consultadas:
  • BÁEZ HERNÁNDEZ, F. & GONZÁLEZ ZALACAIN, R. J. (2006). «La periferia del poder concejil en Tenerife tras la Conquista». Coloquio de Historia Canario-Americana, XVII, 1.949-1.961.
  • CARDELL CRISTELLYS, J. C. 
    • (2004). Héroes y testigos en la derrota de Nelson en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea.
    • (2004). Los desertores en la gesta del 25 de julio. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea.
    • (2007). La Palma, francesa y otros artículos sobre el 25 de Julio. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea.
  • CIORANESCU, A. (1998). Historia de Santa Cruz de Tenerife (2ª ed.). Arafo: Litografía A. Romero, S. A.
  • DARIAS PADRÓN, D. V. (1953). «Las milicias de Canarias». El Museo Canario, 9-16, 58-60.
  • TOUS MELIÁ, J. (2012). La Torre de San Andrés. ¿Merece la pena rescatarla? Santa Cruz de Tenerife: Juan Tous.

sábado, 25 de julio de 2015

San Andrés y la Gesta del 25 de julio

Dedico esta entrada a una nueva efeméride, esta vez, el 218 aniversario de la famosa Gesta del 25 de julio de 1797 en la que el inglés Horacio Nelson fue derrotado por los tinerfeños.

Como se sabe el castillo de San Andrés tuvo un papel muy secundario en el acontecimiento, pues lo más famoso que hizo fue cañonear a los barcos ingleses cuando estos ya se habían rendido y se retiraban de la isla. Su participación principal fue la de resultar como elemento disuasorio para posibles desembarcos en esta zona.1

Sin embargo, en esta entrada voy a destacar algunos hechos que, aunque menores en el conjunto de la Gesta, merecen ser recordados por cuanto atañen a nuestro pueblo.


Acontecimientos previos

Cerro de la Atalaya. En este lugar se colocaba
una bandera para dar avisos a Sta. Cruz.
Foto propia.
Desde 1796 estaba la isla prevenida por haberle declarado el rey Carlos IV la guerra a Gran Bretaña debido a las intromisiones inglesas en el comercio español con América.

En el mes de mayo de 1797 se hace colocar a los vecinos de San Andrés una bandera en lo alto de la Montaña del Valle2 para dar aviso al puerto de Santa Cruz en caso de que el vigía de Anaga, que se hallaba en la Atalaya de Igueste, avistara barcos enemigos.

A principios del mes de julio dos fragatas inglesas se acercan al valle persiguiendo a una embarcación majorera que huía a refugiarse bajo el castillo. Los ingleses abrieron fuego contra la fortaleza, siendo respondidos por esta, pero finalmente los ingleses se hicieron con el barco cargado de pasaje, grano y ganado.


La Gesta

El 22 de julio pasó el mando del castillo a manos de Bartolomé Miranda, capitán grancanario que se hallaba de paso en Tenerife, cediendo la gobernación del fuerte el castellano Salvador Agustín de Vera. El día 24 otro navío inglés se acerca a la costa, ahuyentándolo el castillo a cañonazos.

El 25 de julio se produce el verdadero ataque al puerto de Sta. Cruz, firmándose la rendición de los ingleses ese mismo día. No obstante, las malas comunicaciones entre Sta. Cruz y S. Andrés hicieron que en el valle no se conociera la capitulación, por lo que, al ver aparecer las naves inglesas llevadas cerca de tierra por la calma, el castillo abrió fuego, malogrando la nave comandante y una lancha bombardera. Los ingleses respondieron al fuego bombardeando el castillo y algunas casas. Tal fue la fuerza del ataque que un cañón del castillo reventó, matando al artillero Vicente Talavera e hiriendo al subteniente Salvador Agustín de Vera y a algunos más.



Notas:

1. Conocida es también la actuación de una campesina que, viniendo del valle de San Andrés a vender los frutos del campo a Sta. Cruz, dio la voz de alarma a la guarnición de Paso Alto sobre la presencia de los ingleses en las proximidades.
2. Este lugar aún conserva la denominación de Cerro de la Atalaya o Atalaya de San Andrés, y fue reutilizada por los militares a partir de la II Guerra Mundial.


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Fuentes consultadas:
  • CARDELL CRISTELLYS, J. C.
    • (2004). Los desertores en la gesta del 25 de julio. Santa Cruz de Tenerife: Idea de Turismo y Comunicación.
    • (2007). La Palma, francesa y otros artículos sobre el 25 de Julio. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea.
  • CIORANESCU, A. (1978). Historia de Santa Cruz de Tenerife, 4 tomos. Santa Cruz de Tenerife: Confederación Española de Cajas de Ahorro.
  • COLA BENÍTEZ, L; GARCÍA PULIDO, D. & ONTORIA ONQUILLAS, P. (1997). Fuentes documentales del 25 de julio de 1797. Tenerife: Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y Ministerio de Defensa.
  • GRAFCAN (2013). «Sistema de Información Territorial», Infraestructura de Datos Espaciales de Canarias [en línea]: http://visor.grafcan.es/visorweb. Gobierno de Canarias. [Consultado: 24 de julio de 2015]. 
  • GUIMERÁ RAVINA, A. (1981).  «Dos relaciones sobre el ataque de Nelson a Santa Cruz de Tenerife». Anuario de Estudios Atlánticos, 27, 209-238.
  • HERNÁNDEZ BARROSO, B. s/f. Mi pueblo. San Andrés a través del tiempo. Manuscrito no publicado.  
  • HERNÁNDEZ MORÁN, J. (1982). Reales despachos de oficiales de milicias en Canarias. Madrid: Ediciones Hidalguía.
  • RUMEU DE ARMAS, A.(1991). Canarias y el Atlántico, piraterías y ataques navales. (2ª ed.). Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo Insular de Gran Canaria.

sábado, 28 de marzo de 2015

Los temporales históricos en San Andrés, 1ª parte

En unos días se cumplen trece años de la riada conocida como el 31-M y, además, en breve comenzarán las obras de encauzamiento del tramo final del barranco de San Andrés que, teóricamente, impedirá la inundación del pueblo de producirse fuertes lluvias.1

Con este motivo, voy a hacer un repaso a los aluviones que han afectado al pueblo a lo largo de su historia.


De los primeros siglos de existencia del pueblo no he encontrado referencias sobre riadas, pero se puede deducir que aunque estas existieran, afectarían sobre todo a las tierras de cultivo de los fondos de valle y a las vías de comunicación terrestres, pues las viviendas se encontraban hasta bien entrado el siglo xviii aglomeradas en torno a la iglesia y lejos del barranco.

La primera noticia que he encontrado sobre los efectos de un temporal aparece en un informe militar fechado en 1724. En este informe, que describe el estado de las fortificaciones de la isla, se dice aludiendo a la torre de San Andrés: «...neçesita (...) reedificarlo desde el fundamento por estar la mitad arruinado...» (Tous, 2012). Esta ruina de la primitiva torre se achaca a una riada, que bien pudo ser provocada por el temporal acaecido el 25 de octubre de 1722 y que hizo estragos en Tenerife (Caballero, 2001).

El castillo, ejemplo de los efectos de los aluviones. Su estado tras los de finales del siglo xix.
Foto: FEDAC.

Y es que el castillo será testigo y víctima de las riadas en más de una ocasión. Gracias a ello, sin embargo, poseemos más datos sobre otras riadas a lo largo del siglo xviii. Así, en la primavera de 1769 la torre vuelve a ser afectada por las aguas del barranco, siendo reconstruida poco después (Tous, 2012).

Con la llegada del siglo xix son más numerosas las referencias a riadas y temporales. Esta centuria comienza con la que se considera la mayor catástrofe natural de esta índole que ha afectado a Canarias: el aluvión de 1826 (Martín, 2011).2

Esta tromba de agua caída entre el 7 y 8 de noviembre se dejó sentir en el pueblo, donde «...hubo 600 fanegas de tierra arrasada, 3.695 varas de paredes perdidas, 5.368 árboles desarraigados. Se arruinaron la iglesia y 7 casas, otras 3 fueron llevadas por las aguas del barranco, 8 animales desaparecieron...» (Cioranescu, 1998).

Nuevamente en el mes de noviembre de 1865, los fuertes aguaceros causan muchos daños, sobre todo en las cosechas: «En el valle de San Andrés los árboles frutales han quedado destrozados: las naranjas, verdes aún, han sido todas arrojadas al suelo; y las ramas, de que pendían se han desgajado y han perdido toda la flor, que prometía frutos abundantes» (Crónica, 1865).

El final del siglo vuelve a ser intenso en cuanto a efectos provocados por las lluvias. Así, a causa de dos barrancadas ocurridas en octubre de 1893 y marzo de 1894, gran parte del castillo es derribada (Tous, 2012).3 Sin embargo, parece que ambos aluviones no afectaron al resto del pueblo, pues nada aparece en la prensa de la época. Sí afectó otro aluvión ocurrido en diciembre de 1899, y cuyos efectos el periódico Unión Conservadora describe así: 
...en la madrugada del día 26 del corriente fué tanta el agua que cayó en aquel valle, que los dos barrancos que desde el monte bajan hasta los alrededores del poblado, se desbordaron, causando considerables daños en las plantaciones y teniendo que lamentar grandes desperfectos en todas las casas (...). Si bien no hubo desgracias personales que lamentar, las pérdidas y desperfectos son muchísimos, pues el agua se llevó al mar gran parte de los terrenos lindantes con ambos barrancos, dejando en completa ruina á muchos propietarios de aquel barrio.
Los efectos de estas barrancadas tienen como resultado la exigencia por parte de los vecinos de la construcción de una muralla que los protegiera, y que se lleva a cabo por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz a principios del siglo xx.4


(Continúa en Los temporales históricos en San Andrés, 2ª parte)



Notas:

1. Para más información véase «La obra del barranco del Cercado alejará más el cauce de San Andrés».
2. Este temporal afectó prácticamente a toda la isla, pero sobre todo a los valles de La Orotava y de Güímar, así como a zonas del Norte como La Guancha. Provocó la muerte de unas quinientas personas y grandes destrozos en construcciones y fincas. La primitiva imagen de la virgen de Candelaria que se veneraba desde época guanche desapareció durante este aluvión (Álvarez y Pérez, 2013). 
3. El castillo se derrumbó porque las aguas excavaron sus cimientos asentados sobre arena, colapsando la estructura que finalmente cedería (Luxán, Fernández, Dorrego & Vicente, 2005).
4. La Muralla formaría parte del paisaje urbano de San Andrés hasta su desaparición en la década de 1980, con motivo de las obras de encauzamiento del barranco y de urbanización de la zona. 


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Fuentes consultadas:
  • ÁLVAREZ GARCÍA, J. D. y PÉREZ PADILLA, M. A. (2013). «Las pérdidas humanas y materiales del aluvión de 1826, según las fuentes parroquiales». La Prensa, revista semanal de El Día, 29-31.
  • CABALLERO MÚJICA, F. (2001). Documentos episcopales canarios. III. De Bernardo de Vicuña. Las Palmas de Gran Canaria: Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria. 
  • CIORANESCU, A. (1998). Historia de Santa Cruz de Tenerife. IV. 1803-1977 (2ª ed.). Santa Cruz de Tenerife: Confederación Española de Cajas de Ahorro.
  • Crónica del País (1865, noviembre 11). Eco del Comercio.
  • El Temporal. (1899, diciembre 29). Unión Conservadora.
  • LUXÁN, M. P. DE, FERNÁNDEZ, V., DORREGO F. & VICENTE B. (2005, enero). La Torre del Valle de San Andrés (Tenerife): Técnicas y evolución de su construcción defensiva. Actas del Cuarto Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Cádiz, ed. S. Huerta, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, Arquitectos de Cádiz, COAAT Cádiz.
  • MARTÍN, V. (2011, noviembre 12). La mayor catástrofe natural de Canarias que casi nadie conoce. Diario de Avisos.
  • TOUS MELIÁ, J. (2012). La Torre de San Andrés. ¿Merece la pena rescatarla? Santa Cruz de Tenerife: Juan Tous.